Decís perdón y un vaso termina en el fondo de sed.
Ya fue, me voy, y puertas se cierran dejando caer.
Le pateo cenizas al piso y me rindo frente a mi portón.
Voy pensando en que no hace ni un año y las cosas ya no son igual.
Las disculpas no cuesta aceptarlas, me cuesta saber perdonar.
Y vuelvo a despertar, cansado de estar tan cansado de ser
me digo: “No hay mitad que sea tan mala como la que tenés”.
Y olvido que traigo conmigo canciones y amigos, tu alma es ahora mi estrella.
El dolor ya no hace mal.
Mirando estoy, a veces me toca el silencio total
colgado de la hoja más alta del árbol que sé imaginar
porque hay cosas que sangran por dentro y nadie las puede notar
Si percibo en la luna esa luz eterna
que reza tu nombre y convida el sabor
quiero amanecer que mañana no soy si no tuve tu ayer.
sábado, 28 de marzo de 2009
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